Colaboraciones

amLeonora

La casa era grande y tenía tantas ventanas como manías  que agobiaban a la mujer que la habitaba, como comprar flores todos los miércoles por la mañana en el mercado de flores y enterrarlas los domingos por la noche en el jardín trasero, lavar las paredes en luna llena y bañarse con la luz apagada, pero a mí lo que más me intrigaba era su rutina diaria de acomodar sillas.

Todos los días se levantaba temprano, muy temprano y acomodaba todas las sillas que tenía frente a las ventanas, corría las cortinas, se lavaba la cara, se cepillaba el cabello y los dientes, se ponía un vestido, dos gotas de perfume y se sentaba en una de las bancas del jardín con una taza de café y pan dulce a contemplar el amanecer.

Leonora - Adso Aguilar

Ilustración de Adso Aguilar

Lee el texto completo en amapolacultura.com

Advertisements

Crónica de un Ataque

Basado en hechos reales. 

Debo confesar que siempre me consideré una persona fuerte, que había aprendido de las experiencias y a la que ya habían lastimado, sino mucho, sí suficiente. Hasta que conocí a Cirila.

Fue un  lunes tranquilo en la oficina, ella llevaba las cuentas de la empresa y había ido a la oficina a hacer cosas administrativas que no voy a describir porque en realidad las desconozco.

Cirila entablaba una animada conversación con mi jefa, quien nos sorprendió a todos cuando dijo que sabía hacer tamales. Hablaban de comida, más precisamente de cómo cocinarla, de cuánta sal, si la cabeza se deja 4 horas en la olla presto, si el menudo, si las carnitas, bla bla bla, señoras. Continue reading

Carmen

“Nunca te enamores de un hombre con el cabello corto” Solía decirme mi abuela durante las breves visitas que le hacía los domingos. “Esos no son de fiar, son obsesivos, vanidosos, mujeriegos… no, no, no, escúchame bien y no lo hagas” decía sacudiendo la cabeza para después darle un sorbo al café sin azúcar.

La luz y el ruido de la avenida se filtraban por las grandes ventanas que tenía la sala, en las paredes de color claro mi abuela tenía colgados varios sombreros. Sobre la mesa estaban los platos pequeños, el azucarero, mi taza de café con azúcar y una foto color sepia del perfil de una joven de mirada tranquila, cabello largo, impecablemente peinado y semblante firme. Continue reading

La niña que quería ser astronauta

De niña siempre quise ser astronauta y viajar al espacio, conocer otros mundos, incluso llegue a soñar con ser la primera mujer mexicana en pisar la luna, y el día que me enteré que mi sueño lo había cumplido alguien más, sentí como si algo se rompiera dentro de mí ¿por qué ese sueño no me esperó para cumplirse? Recuerdo que me enteré de la tragedia estando en casa de mi abuela, nadie supo, pero por dentro yo estaba muy triste.

Después de que alguien más robó mi primer sueño ambicioso no supe qué más soñar, pero me la pasaba bien, iba a fiestas de cumpleaños, quebraba piñatas, agandallaba dulces y pedía juguetes en navidad. Si alguien, hace 15 años me hubiera preguntado (tal vez lo hicieron y no lo recuerdo) que qué iba a estudiar, que dónde me veía, que cuáles eran mis sueños, yo hubiera respondido que quería ser veterinaria, adoptar todos los perros callejeros y llevarlos a una granja, soñaba con vivir en mi propio lugar cuando fuera “grande”, quería una cartera llena de credenciales y tarjetas como la de mi mamá, y que me veía feliz… Continue reading

Sobre su memoria rosas blancas

Escribiré un cuento sobre él, el señor cincuentón que quedó desconcertado al ver a una joven, casi una niña, salir corriendo del bar que era prácticamente suyo, porque pasaba mucho tiempo ahí y conocía a todos los asistentes, pero a ella no, menos con esa mirada, menos con esa prisa, en este bar nadie tenía prisa, ni penas.

Ella irrumpió y destruyó toda la armonía, casi se le estampa por no fijarse por donde corría, corría a prisa, para salir de ahí mientras el entraba y casi se impactan, ¿quién eres niña que corre y a dónde vas con tanta prisa?, mientras Valente Pastor cantaba una canción cuyo nombre no podía recordar, tal vez se llama now or never o una pendejada del estilo, volviendo a la prisa y a la joven casi niña que corría a un rumbo y destino desconocidos para el caballero que aún la miraba, les cuento que ahora ella le daba la espalda y hablaba por teléfono, como si él no existiera, ¿cómo se llama este cuento? ¿El hombre ignorado? ¿Qué demonios le pasaba a esta mocosa?

Yesterday es el nombre del bar y ahora él la recuerda, a ella, a Mariana y se imagina que la chica delgada es sólo una Mariana más, una perra sin corazón, una bruja desalmada que devora corazones, que destruye vidas y arruina seres, una puta Mariana. Y probablemente ahora al pobre diablo con el que está hablando le está diciendo las cosas más hirientes, sus áridas palabras le corroen todo el ser, esa puta lo está matando, alguien debería prevenirlo, informarlo de las desgracias que le acontecerán si sigue escuchándola, si a él le hubieran advertido las desventajas que tendría querer a Mariana se hubiera ahorrado muchas heridas, llantos, gritos, gastos e intentos de suicidio. Continue reading

Huir o Atacar

En México se rompe el corazón todos los días, a todas horas, en pequeños pedacitos. He pensado en tomar medidas drásticas para evitar que el mío se siga fragmentando, he considerado la idea incluso de cancelar la suscripción al periódico, por pensarlo como el principal motivo de mis angustias, pero el cancelarlo no cambia nada; las noticias sobre desaparecidos, fosas comunes, asesinatos, injusticias, asaltos, corrupción, necropolítica van a seguir circulando, todos los días, a todas horas.

Constantemente me he encontrado llorando después de leer el periódico, esas lágrimas son una mezcla entre tristeza, frustración, coraje, impotencia, desilusión, todo eso y un poquito más condensado en lágrimas inútiles que sólo me hacen darme cuenta de lo pequeños que somos, de lo impotentes, vulnerables y frágiles que somos. ¿Si eso es lo que dicen las noticias, qué es lo que callan?

No hay espacio para los sueños donde las personas se preocupan constantemente por la supervivencia, donde la paranoia, la incertidumbre, el caminar con los hombros alzados, la mirada alerta y desconfiada a todos los desconocidos, donde nos sentimos derrotados mucho antes de iniciar una batalla, porque nos sentimos perdidos, desprotegidos, y eso es lo que va desgastando nuestro corazón, poco a poco. Continue reading