Category Archives: Paseo Bulnes

II. Sueños contemporáneos

No tenemos más remedio/ que enredarnos más

Unos días después me la encontré cerca de la estación de metro Manuel Montt, en un mercado de libros usados, caminamos juntos buscando libros, husmeando en sus páginas polvosas, leyendo las últimas páginas, acariciando las portadas, pero sin comprar ninguno.

Invité a Helena a comer, ella accedió, caminamos contemplado los edificios, pasamos por Baquedano, la Catedral, la Plaza de Armas, atravesamos puentes, llegamos a Riquelme, la invité a pasar al apartamento, eran las 4:18 pm y llovía ligeramente.

Ese día comimos Nuggets y tomamos cerveza, le mostré algunos trabajos y a ella le gustaron los dibujos, preparamos Pisco Sour, y bebimos más cerveza. Supe que vino a Santiago a estudiar publicidad, que no tenía amigos chilenos, que le parecía que todo olía a smog, que su gusto en música era pésimo, que no sabía dibujar y que se había enamorado de un lugar llamado Valdivia. Y así, entre pláticas amenas, cervezas y el atardecer, se hizo de noche.

El metro cerraba a las 11pm, entre mi insistencia y el hecho de que nadie la esperaba de regreso, se quedó conmigo. Esa fue la primera de muchas visitas. Aunque todavía no nos enamorábamos. Seguimos saliendo, conociéndonos, recorriendo callejones con olor a meados de vago, monumentos históricos, palacios, rincones y mercados. Hacíamos dibujos del río Mapocho desde los puentes, comíamos sopaipillas, tomábamos pisco, y no sé muy bien cuándo comenzamos a tomarnos de la mano.

Alguna plaza en Riquelme

Alguna plaza en Riquelme

Continue reading

Advertisements

1. El Inicio

Fue en mayo, en una ciudad capital la primera vez que la vi, durante un concierto de una de esas bandas malas de adolescentes “guapos” cantando sobre cosas que no conocen y mucho menos han sentido. Recuerdo que tiempo después ella me confesó que aquella vez pensó que yo era gay, pienso que fue porque mis acompañantes sí eran gays, pero ella dice que fue porque yo olía a crema para peinar. Aquel día entre mi mal humor y su falta de interés apenas nos dijimos nuestros nombres.

La segunda vez que la vi fue una semana después en casa de unos amigos en común, donde abundaba la comida mexicana y el tequila. Aquella noche se forjó entre los asistentes (oriundos todos del mismo país, estando todos muy lejos de casa) un lazo de complicidad, pero esa parte de la historia la contaré después. Ella llevaba un vestido de muchos colores, hablamos mucho, me comentaron sus amigas que ella pensaba que era una lástima que yo fuera gay y se fue sin despedirse.

La tercera vez fue… fue tan exótica como lo que siguió después… Fue un viernes, era cumpleaños de una mujer de gran complexión que resultó ser lesbiana y casi nos mata, pero ese viernes nadie tenía idea de que eso fuera a pasar.

Palacio de la Moneda

Palacio de la Moneda

Continue reading

Paseo Bulnes I

Paseo Bulnes: I Un acercamiento al principio.

Escribiré nuestra historia para no olvidarla.

Mi abuso del recurso del café últimamente ha rayado en la barbaridad, hace días que no duermo bien. Me tomo un té de manzanilla con limón y dos cucharadas de azúcar (porque ya no hay miel). No puedo concentrarme en el libro que estoy leyendo, hay algo que me inquieta, miro por la ventana de la sala, afuera parece que hay sol, buen clima, viento suave. Yo tengo un nudo en la garganta, latidos acelerados, escucho el sonido del calefón, el esfuerzo de la máquina por calentar la pieza.

Las vueltas del mundo y sus noticias hoy no me interesan, hoy lo que me llama es esa historia, nuestra historia que hoy parece tan lejana, distante, siento que se aleja y se me escapa de las manos, como si estuviera hecha de arena y no de momentos, de aire… No quiero que se desvanezca en los rincones de mi distraída memoria.

No puedo creer que esa planta siga viva, si no recuerdo haberla regado más de tres veces en un mes, era ella quien la cuidaba, fue ella quien la llamó “Javiera”. Se la regaló a manera de agradecimiento un colombiano al que hospedó una noche en el sillón, decidió llamarla Javiera por ser el nombre de la única chilena amable que había conocido.

Se me escapa un suspiro. Cierro los ojos. “¿Cuánto dura un beso?” me preguntó un día, “supongo que lo que tardes en darlo más lo que dure en la memora” respondí. ¿Es verdad que los suspiros son aire que sobra por alguien que falta? ¿Pero de verdad me hace falta?

La miro, del otro lado del puente la miro, jugando con la noche, se escapó de mi brazo como se escapa de una conversación incómoda, corriendo alcanzó el semáforo, nos separa el río y la corriente de carros que vienen y van, ella me sonríe del otro lado, se burla de lo que nos separa, recuerdo que por esas fechas no hacía tanto frío en Santiago, la contemplo ahora, a la distancia, pero ya no es el río Mapocho lo que nos separa.

Decido escribir, escribir esa historia para no olvidarla, para que no se empolven los recuerdos ¿Cómo se cuentan las historias de amores manchados? Esas historias que se llevan bajo la piel, en secreto… Supongo que se empiezan por el principio, pero no sé muy bien cómo comenzó todo. Supongo que la contaré tal como la recuerdo: en pedacitos.

Bitácoras