Category Archives: Crónica

La triste historia del gusano quemador (y cómo no hice nada por salvarlo)

Podrá parecer una pendejada, los bichos mueren aplastados todo el tiempo, sobre todo si son feos. He matado cucarachas y no me arrepiento. Sin embargo el suceso del día de hoy me afectó (tal vez más de lo que debería), y como ya no puedo hacer nada para cambiar lo que no hice, escribo, porque al final de cuentas era una vida y no hice absolutamente nada para salvarla.

Eran las diez treinta de la mañana, decidí ir caminando de mi oficina al lugar donde a las once de la mañana tenía una cita. Para llegar debía atravesar una plancha de concreto que funciona como estacionamiento. No llevaba audífonos, quería que los sonidos de la calle me acompañaran.

Cuando llegué a la salida del estacionamiento vi un gusano quemador, pensé que ahí lo iban a apachurrar y me detuve a contemplarlo. Tal vez ya estaba muerto.

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Relato de una no-espera

Un extraño olor a lavanda entra por la ventana, tal vez sea la manera del viento de anunciar la primavera, las puertas del balcón están abiertas, las pesadas cortinas verdes se quedan quietas ante las nuevas noticias primaverales, mientras las campanitas se mecen suavemente emitiendo un sonido que me calma por unos minutos. Cierro los ojos. Nunca me ha gustado fumar, pero no puedo evitar prender un cigarro de vez en cuando para dejarlo quemarse en el cenicero, mis labios nunca lo tocan, pero el aroma de tabaco quemándose me da cierta paz, apestando mis ansias, los pliegos de tela, mi ridícula ropa y mi ridícula espera.

A él nunca le gustó ese hábito, pensaba que sólo desperdiciaba sus cigarros, tampoco le gustaba que yo durmiera tanto, que tomara tanto vino y que nunca me quitara los calcetines. Supongo que había muchas cosas de mí que nunca le gustaron. Siempre pensé que lo que le gustaba de estar conmigo era amarse a través de mí. Pero eso se puede lograr con cualquiera. A mi nunca me gustó que fumara, y tampoco esperarlo. Nunca me ha gustado esperar. El cigarro sigue prendido, apestando todo, la copa de vino sobre la mesa y un libro que pretendo leer pero que no he empezado, y no lo voy a hacer, al menos no hoy.

Sigo contemplando la nada, aún tengo una hora antes de salir, la verdad es que espero que llegue antes de que yo me vaya. No llevaré mucho, de hecho casi nada, me llevo mis vestidos favoritos, tres libros, la computadora, un mapa de Sudamérica, mi cuaderno, una pluma que me regalaron, postales en blanco, y otro par de zapatos.

vino

Mientras espero recuerdo que Ulalume me presentó a “La mujer ignorada” y yo pensé que tal vez lo escribió para mí (porque no conozco a nadie más que lo haya leído) y me sentí feliz porque Ulalume no me conoce y me regaló un cuento. Lástima esté muerta.

Siento que el mundo se detuvo, la canción que se escucha de fondo parece ir más lento, el humo del cigarro suspendido haciendo figuras abstractas, imagino un mundo perfecto, un mundo de la no-espera, donde nadie espera y el mundo no se detiene porque tampoco espera nada y todos sonríen sin penas, ni esperas, ni ansias.

Pero dejo de imaginar y sigo en el departamento, con la mujer ignorada, con mis cigarros olvidados, mis uñas a medio morder, escribiendo que espero y esperando mientras escribo. A decir verdad no estoy decepcionada, en el fondo sabía que iba a pasar, porque siempre pasa. Cuando dijo que iba a volver no esperaba que lo hiciera, sabía que no lo haría, así que espero su no regreso o no espero su regreso y como no llega (o no llegó), no me decepciona. Juan Carvajal me abraza: “No te vayas, dolor, última forma de amar” y Ulalume me aconseja: “Cuando José regresó había dejado de llover y el pequeño apartamento estaba más vacío que nunca”.

Crónica de un Ataque

Basado en hechos reales. 

Debo confesar que siempre me consideré una persona fuerte, que había aprendido de las experiencias y a la que ya habían lastimado, sino mucho, sí suficiente. Hasta que conocí a Cirila.

Fue un  lunes tranquilo en la oficina, ella llevaba las cuentas de la empresa y había ido a la oficina a hacer cosas administrativas que no voy a describir porque en realidad las desconozco.

Cirila entablaba una animada conversación con mi jefa, quien nos sorprendió a todos cuando dijo que sabía hacer tamales. Hablaban de comida, más precisamente de cómo cocinarla, de cuánta sal, si la cabeza se deja 4 horas en la olla presto, si el menudo, si las carnitas, bla bla bla, señoras. Continue reading

Fue hoy hace un año

Eran las 7:00am cuando desperté, quiero pensar que me bañé, me vestí y seguí el protocolo de belleza de las mujeres que se ponen rímel y delineador, sin labial, no sé si intenté o no desayunar, no lo recuerdo, pero salí de la casa con las llaves en la mano, lista para manejar hasta el lugar al que debía llegar a las 8:30.

Me detuve en la banqueta, desconcertada, miré a la izquierda, miré a la derecha… ¿dónde está el carro?, lo primero que pensé fue que el día anterior me había puesto borracha y lo había dejado en casa de Toro, o alguien, y justo cuando iba a marcarle para corroborar mis sospechas, recordé que el día anterior no había tomado suficiente para abandonar mi carro en casa de alguien más, incluso le había puesto gasolina, y al estacionarlo, justo en frente de mi casa, verifiqué las luces estuvieran apagadas.

Se acercó mi madre y me preguntó que qué pasaba, al no querer decirle que tenía miedo de haber perdido el carro titubee “el carro…” y ella, mujer brillante con un puntiagudo sexto sentido gritó “¡se lo robaron!”, “¿ah sí?” respondí yo incrédula “¿Se lo robaron?”.

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Searching for something

El departamento está ubicado justo en el centro de la ciudad, para llegar a él es necesario navegar por un mar de gente, grupos gigantes de cursos de verano de adolescentes que se empujan, gritan y te piden que les tomes fotos, gente que camina lento, gente que camina rápido, bolsas de compras que lanzan golpes, chicles a medio masticar abandonados en el piso, el ruido de los carros y los automovilistas desesperados, en fin, en ningún lugar estás a salvo, como en la mayoría de los centros de las ciudades, sobre todo las capitales.

Hay una librería maravillosa a unas cuadras del lugar, en Parnell Street, (muy cerca de donde compro el súper, me gusta mucho hacer las compras en el súper) en una de mis visitas compré un libro con el título “Slow Dublin: Live more, fret less”, su portada me llamó mucho la atención porque era un niño montado en un burrito y el puente Ha’penny de fondo, todo en azul y gris menos la silla de montar, el libro proponía cómo disfrutar de Dublin a partir de los 5 sentidos y de las cosas que se pueden hacer en la ciudad y en sus afueras.

Entre sus maravillosos capítulos uno me llamó la atención, respecto al oído: “Searching for silence”, propone una visita a Mount Jerome Cementery en Harold’s Cross, no teniendo ni idea de dónde se encontraba eso decidí que iría al día siguiente saliendo de la Embajada, por lo que no me llevé la bici (no tengo candado y aquí se las roban con mucha facilidad). Tomando en cuenta experiencias anteriores decidí cargar el mapa en el celular, con batería suficiente y la ruta trazada, decía que el tiempo estimado era de 45 minutos. Excelente.

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