Crónica de un Ataque

Basado en hechos reales. 

Debo confesar que siempre me consideré una persona fuerte, que había aprendido de las experiencias y a la que ya habían lastimado, sino mucho, sí suficiente. Hasta que conocí a Cirila.

Fue un  lunes tranquilo en la oficina, ella llevaba las cuentas de la empresa y había ido a la oficina a hacer cosas administrativas que no voy a describir porque en realidad las desconozco.

Cirila entablaba una animada conversación con mi jefa, quien nos sorprendió a todos cuando dijo que sabía hacer tamales. Hablaban de comida, más precisamente de cómo cocinarla, de cuánta sal, si la cabeza se deja 4 horas en la olla presto, si el menudo, si las carnitas, bla bla bla, señoras.

Yo estaba más sorprendida de que mi jefa tuviera conversaciones de señora con una señora que por los tamales. Fue entonces cuando quisieron unirme a su plática de señoras.

  • ¡¿No te gusta la cabeza?! – Me preguntó Cirila en un tono chillón, más reclamo que pregunta.
  • No, a mí no me gusta
  • ¡¿Y las carnitas?! – Volvió a chillar
  • No… Soy Alérgica
  • ¡Alérgica! – Gritó estupefacta, volvió la vista a mi jefa, como asombrada de que me hubieran contratado a pesar de no comer carnitas – Entonces eres una niña malcriada. No te educaron bien.

Sorprendida ante semejante acusación dejé lo que estaba haciendo (que no recuerdo muy bien que era) y miré a Cirila a los ojos, tratando de entender si era broma o si estaba bajo un ataque de señora.

  • En el mundo tienes que aprender a tomarlo todo. La única persona que se va a preocupar por lo que quieres es tu mamá… ¡Y tu mamá no está aquí!

Ataque, estaba bajo un ataque de señora, y no sólo yo. También mis alergias y mi mamá. Intenté limpiar el honor de mi madre y la educación que me dieron

  • Cirila, no es que no coma carne, es que soy alérgica a la carne de puerco
  • ¿Y qué te pasa si la comes?
  • Se me hinchan los ojos.
  • ¡Sólo porque te hinchaste una vez no quiere decir que seas alérgica!

La verdad es que mi mamá dice lo mismo, pero me ha pasado 3 veces y tengo testigos.

  • Eres una moñuda. Estás negando a Dios.

Confirmado. Era un ataque y de nada me serviría que intentara defenderme, así que bajé la guardia, despegué la vista del monitor y escuché cómo era que negaba a Dios.

  • Todo lo que está en este mundo Dios lo hizo para ti, y si no lo aceptas estás negando a Dios.

oaxaca

Su mirada era intensa, estaba parada frente a mí y su voz se elevaba conforme avanzaba el ataque. Pero aún no llegaba al clímax.

Mi jefa y Cirila continuaron con una explicación de cómo yo tenía que comer de todo para enseñarles a mis hijos a comer de todo. Profetizaron que uno de mis hijos sería el presidente de la República, pero no lo iba a lograr si no comía de todo, porque en las giras a los pueblos no va a poder rechazar la comida.

Hasta ese momento yo no sabía que iba a tener hijos, mucho menos que sería el presidente, pero escuché el vaticinio atenta. Siempre me ha gustado que me adivinen la suerte.

  • Tú eres muy débil – Escupió Cirila – Muy frágil… “hay no como carnitas”, “hay que tengo frío” – dijo con un tono aún más chillón, burlándose de la cobija que tapaba mis piernas, porque en efecto, tenía frío. – Así no vas a llegar a ningún lado.

Se volvió a mi jefa y soltó

  • Le hace falta sufrir más a esta criatura. Es como un vidrio frágil de Tonalá, nada más lo tocas y se rompe.

No pude evitar soltar una carcajada. Cuando nos hacen cosquillas nos reímos, y esa risa no es más que una expresión nerviosa, es como una respuesta protectora. Entonces mi jefa intervino

  • ¿Ves? Tienes que comer carnitas, no puedes estar aquí si no comes carnitas, lo vamos a fijar en tus metas.

Cirila estaba satisfecha y hasta relajó la postura, bajando los hombros.

  • Sí, podrás estar bonita y todo, pero si eres así de frágil yo prefiero a una feita pero más fuerte.

Se quedó callada unos minutos, como si con sus pequeños ojos tratara de escudriñar lo que había adentro de mi cabeza, o saber si sus palabras habían surtido algún efecto, se acomodó el cabello que llevaba suelto. Tomó aire y siguió:

  • Mira niña, yo soy de rancho, toda mi vida estuve en el rancho, y en el rancho a los caballos se les tiene que enseñar a hacer alguna gracia, si no saben hacer nada, los vendes para hacer salchichas y te pueden dar hasta cinco mil pesos, pero si los enseñas a hacer algo, a pararse de patas o lo que sea…

Valeria Dimanche

Las revelaciones de Cirila se vieron interrumpidas porque la llamaron a trabajar, así que caminó hacia otro escritorio, no muy lejos del mio y se aseguró de que todavía pudiéramos escucharla, aunque en ese punto mi jefa ya no prestaba atención a la conversación, su vista estaba enfocada en el monitor y tecleaba con fuerza.

Una parte de mi sabía que me había involucrado en la plática para quitarse a Cirila de encima porque tenía mucho trabajo y su conversación de señora no la dejaba terminarlo. Así que mi labor era entretener a Cirila con mi fragilidad.

Cirila siguió explicándome cómo todo me lo decía por mi bien y no porque quisiera ofenderme, cómo debía dejar de ser un vidrio frágil para ser un cristal cortado, más resistente, siguió hablando (más bien sermoneando) pero yo ya no la escuchaba, pensaba en lo que ya había sido dicho, sus palabras seguían girando en mi cabeza con ese tonito chillón.

Pensaba en qué diría mi mamá si la escuchara, creo que la hubiera acompañado en el sermón. Tal vez en realidad no era Cirila la contadora, era mi mamá hablando a través de ella.

El ataque continuó varios minutos. Mientras, yo reflexionaba. Esa mujer que había vivido toda su vida en el rancho, que vendía caballos para salchichas y que hablaba con un tono chillón, tenía algo de razón. Siempre pensé que ya había sufrido suficiente, pero me di cuenta que nunca es suficiente y nunca va a terminar.

Por otro lado, agradecí proyectar esa imagen libre de sufrimiento, siempre he aborrecido a las personas que van por la vida mostrando a todos sus cicatrices internas. Además, estoy muy agradecida (y sé que soy muy afortunada) porque mi vida no sea un mal episodio de Lo que callamos las mujeres o La rosa de Guadalupe.

Diría que mi vida es más una película absurda como “la ciencia del sueño” con un toque (suficiente) de drama. Ni muy muy, ni tan tan. Creo que más que un vidrio frágil de Tonalá, soy uno de esos artilugios medio Kitch de vidrio soplado que encuentras en Tlaquepaque. Sí, se rompen, tal vez con facilidad, pero tienen bonitos colores.

Y aunque mi color favorito es el gris, siempre me he considerado una persona colorida.

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2 thoughts on “Crónica de un Ataque

  1. Joel Rangel

    ¿En serio Cirila es de racho?
    Siempre pensé que había sido criada en un remolque. Jajaja… no en serio me divertí mucho con tu post. Si te sirve consuelo, nunca he podido disfrutar del higado, ni encebollado, ni como taquitos, de ninguna forma.

    Quizás soy como una taza de café de Tonalá… de esas en forma de chichi.

    Abrazo de gol.
    Chihiman.

    Reply

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