Huir o Atacar

En México se rompe el corazón todos los días, a todas horas, en pequeños pedacitos. He pensado en tomar medidas drásticas para evitar que el mío se siga fragmentando, he considerado la idea incluso de cancelar la suscripción al periódico, por pensarlo como el principal motivo de mis angustias, pero el cancelarlo no cambia nada; las noticias sobre desaparecidos, fosas comunes, asesinatos, injusticias, asaltos, corrupción, necropolítica van a seguir circulando, todos los días, a todas horas.

Constantemente me he encontrado llorando después de leer el periódico, esas lágrimas son una mezcla entre tristeza, frustración, coraje, impotencia, desilusión, todo eso y un poquito más condensado en lágrimas inútiles que sólo me hacen darme cuenta de lo pequeños que somos, de lo impotentes, vulnerables y frágiles que somos. ¿Si eso es lo que dicen las noticias, qué es lo que callan?

No hay espacio para los sueños donde las personas se preocupan constantemente por la supervivencia, donde la paranoia, la incertidumbre, el caminar con los hombros alzados, la mirada alerta y desconfiada a todos los desconocidos, donde nos sentimos derrotados mucho antes de iniciar una batalla, porque nos sentimos perdidos, desprotegidos, y eso es lo que va desgastando nuestro corazón, poco a poco.

Balcón en Guajuato

No sé qué hacer y por eso escribo. El ser humano tiene dos reacciones ante el peligro: huir o atacar. En la primera, aquellos que tienen la posibilidad de irse, lo hacen, se van, los que pueden se llevan a sus familias con ellos, dejan atrás a este país con sus periódicos, con sus noticias, con sus millones de corazones rotos, secuestrados, asesinados, desaparecidos, se van. En la segunda, están los que deciden encontrar la justicia a partir de sus propias herramientas, usando tal vez redes sociales, creando organismos, grupos, sociedades, intentando luchar desde sus respectivas trincheras, quijotes contemporáneos luchando contra molinos de viento modernos.

Seguimos jugando el juego de la vida normal, de pensar que ese México está en otro lado, que Guerreo, Tamaulipas, Michoacán, están en otros mundos, seguimos aparentando, tratando de cerrar los ojos, tratando de taparnos los oídos, mientras tarareamos alguna canción popera para no escuchar, mientras se nos sigue rompiendo en corazón ¿en cuántos pedazos puede romperse un corazón antes de colapsar? ¿Cuántas lágrimas podemos derramar ante los acontecimientos que azotan y envuelven el país? ¿Vamos a huir o vamos a atacar?

Hoy yo no sé. Hoy quiero huir, estar en otro país, escuchar otras noticias bajo otros cielos, pero eso tampoco cambia nada, las noticias que siguen circulando (y los hechos que no documentan los medios) van a seguir azotando a este país y desvaneciendo los sueños de sus habitantes y rompiendo en pequeños pedazos los corazones de aquellos que renuncian a sus sueños.

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