1. El Inicio

Fue en mayo, en una ciudad capital la primera vez que la vi, durante un concierto de una de esas bandas malas de adolescentes “guapos” cantando sobre cosas que no conocen y mucho menos han sentido. Recuerdo que tiempo después ella me confesó que aquella vez pensó que yo era gay, pienso que fue porque mis acompañantes sí eran gays, pero ella dice que fue porque yo olía a crema para peinar. Aquel día entre mi mal humor y su falta de interés apenas nos dijimos nuestros nombres.

La segunda vez que la vi fue una semana después en casa de unos amigos en común, donde abundaba la comida mexicana y el tequila. Aquella noche se forjó entre los asistentes (oriundos todos del mismo país, estando todos muy lejos de casa) un lazo de complicidad, pero esa parte de la historia la contaré después. Ella llevaba un vestido de muchos colores, hablamos mucho, me comentaron sus amigas que ella pensaba que era una lástima que yo fuera gay y se fue sin despedirse.

La tercera vez fue… fue tan exótica como lo que siguió después… Fue un viernes, era cumpleaños de una mujer de gran complexión que resultó ser lesbiana y casi nos mata, pero ese viernes nadie tenía idea de que eso fuera a pasar.

Palacio de la Moneda

Palacio de la Moneda

A las 4:00pm fuimos a un lugar no muy turístico pero sí tradicional de esa ciudad, un café con piernas, donde no hay sillas, sólo mesas, una barra, música muy fuerte y muchas pantallas con esos videos eróticos de canciones poperísimas que son hits mundiales, pero en ese lugar nadie les presta atención porque las meseras del café llevan sólo ropa interior. De ahí el “piernas” del café.

Éramos 3 amigos, una amiga y la mujer de complexión grande en aquel lugar saturado de hombres, música y luces. Salimos del lugar aturdidos y fuimos a un bar de esos de antaño que existen desde siempre, donde se venden tragos malos y baratos, una cantina en la que nos embriagamos con “terremotos” (trago hecho a base de fernet)

Dando tropezones llegamos a casa de nuestra amiga la católica, que nos recibió con unas cervezas baratas a base de malta, saltamos, bailamos y bebimos más. Ese día sigue siendo borroso para mí porque tomé como vikingo por sentirme invencible.

En un punto se multiplicaron las personas y decidimos ir a bailar al Harvard, un lugar que se encontraba a unas cuadras, atravesando el río Mapocho, tan macuarro como los peores barrios de cualquier lado. En el camino la vi, con un vestido azul eléctrico y me alegré, la saludé y me comentó que ya nos habíamos saludado, hice caso omiso de su observación y empecé a hacer reflexiones sobre el clima, ella me confesó sus secretos.

Dentro del bar bailamos mucho y algo pegadito, cada que nos acercábamos mucho ella se escapaba al baño, en una de esas escapadas me susurró al oído “es una lástima que seas tan gay”, me quedé desconcertado y borracho (la peor combinación), intenté enfocarla mientras se alejaba pero no lo logré…

Micheladas y globos

Micheladas y globos

Huí del bar con algún mal pretexto, recuerdo que pensé que era una lástima que fuera tan gay. Caminé de regreso a la casa, llorando, reflexionando en los motivos que habían orillado a mi exnovio a terminar conmigo un par de años atrás.

Una semana después se reunió el grupo de la complicidad en la casa para hacer chilaquiles para desayunar, terminó siendo una borrachera de 16 horas, con un arsenal de cervezas que parecía no tener fin. Ahí, ahí comenzó todo, como todo en mi vida, al revés.

Él estaba en el lavabo del baño, lavándose las manos, ya me habían llegado rumores de que no era tan gay como yo pensaba, y que al parecer yo le gustaba. No recuerdo qué le pregunté, pero antes de que me respondiera, lo besé. Nos encerramos en ese beso que prolongamos, nos arrancamos un par de caricias… hasta que suspiró, un suspiro de esos que inflan por dentro… “un suspiro es aire que sobra por alguien que falta” me dijo alguien alguna vez.

– Extrañas a alguien que dejaste lejos… – le pregunté mientras lo alejaba con un movimiento brusco y se me bajaban todas las cervezas.

– Sí – respondió sin titubear.

Nos quedamos en silencio, ya era de noche y no se veía nada. Esa noche ninguno de los dos pudo dormir.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s