Perderse

Salí de la embajada a las 2:20, me gustaría decir que me quedé hasta tarde resolviendo asuntos importantes o preparando un próximo evento, pero la verdad estaba transcribiendo un artículo que me había gustado mucho a mi bitácora de viaje “10 ways to be brilliant everyday”.  Tomé mi bicicleta de la bodega, me costó mucho trabajo sacarla porque es muy grande y mis movimientos siguen siendo torpes al manejarla.

Cuando por fin estuvo fuera tomé de nuevo el mapa y revisé la ruta sugerida por google maps, no tendría internet para corroborar mi ubicación así que tenía que verificar la ruta una y otra vez hasta tener muy claro qué iba a hacer, han de saber que mi sentido de ubicación es prácticamente nulo. Por la mañana me había tomado menos de media hora llegar, había estudiado el mapa por la noche y de nuevo mientras desayunaba, incluso había hecho un mapa para llevarlo en el canasto de la bicicleta y ver si iba por buen camino, estaba decidida a no perderme de nuevo.

Otra cosa que debe ser tomada en cuenta es que en Dublín la bicicleta es un medio de transporte muy válido, como los carros, y como los carros debe seguir un sentido y no se puede ir por la banqueta, entonces no se puede tomar el mismo camino por el que se llegó cuando se quiere regresar.

No tenía ningún mapa impreso con la ruta pero decidí confiar, uno de los puntos del artículo que me había gustado era “Take pleasure in the beautiful ordinary” y el otro era “mind your mindset”, así que con una sonrisa en la cara salí de la porción de territorio mexicano y tomé el camino hacia mi casa, desde la segunda cuadra comencé a dudar sobre el sentido hacia el que tenía que ir. Mantuve la sonrisa y seguí el sentido de los carros, sólo tenía que seguir el sentido de los carros y con ellos llegaría al puente del río Liffey. En mi mente era como Dora la Exploradora: Primer río chiquito, Río Liffey, Church Street y PUM a casa en 30 minutos.

Todo iba bien hasta que los carros comenzaron a desviarse, ya no iban al río, entonces me metí por otra calle siguiendo mi instinto ¿qué es lo peor que puede pasar? Seguí por donde mi lógica me decía que llegaría a una calle que me sacaría al río. Todos los edificios de Dublín son muy similares, y todas sus iglesias se parecen al expiatorio, no me di cuenta que me alejaba de mi objetivo hasta que los negocios comenzaron a desaparecer y en su lugar aparecían complejos habitacionales que jamás había visto.

En Dublín no hay códigos postales, está dividido por sectores que están numerados del 1 al 8. Yo vivo en Dublín 1 y la embajada está en Dublín 4, para llegar tengo que atravesar Dublín 1 y Dublín 2. Pues ahora me encontraba en Dublín 8 según los letreros de la calle. “Puta madre” pensé. Toda la semana me había perdido cuando intentaba llegar a algún lado, pero nunca tanto. Para mi sorpresa mi celular, a pesar de no tener internet supo decirme dónde estaba. Muy bien. Encontré el nombre de la calle en el mapa y seguí el camino que pensé que me acercaría al río Liffey, estando en el río me ubicaría y podría volver a casa con facilidad.

La calle estaba empinada y yo la tenía que subir, jamás he sabido usar las velocidades de la bicicleta, me han intentado explicar muchas veces, pero siempre logro olvidarlo, así que nunca muevo las velocidades, me costó un huevo llegar al final de la calle. Cansada, entumida, con frío y la mochila pesadísima en los hombros me di cuenta que había ido en sentido contrario y que me había alejado del río.

Sentí un enojo muy grande contra mí misma, pero recordé el artículo “Acept that you can’t control events, only your reactions to them” me perdoné y tuve paciencia. Decidí que lo mejor sería bajarme de la bicicleta y llevarla caminando. Sólo regresaría por donde había venido y encontraría el mejor camino a casa. Pero no pasó. Después de 20 minutos sólo seguía alejándome de mi objetivo, y es que aquí las calles cambian de nombre (y de sentido) cada dos cuadras.

Estaba desesperada. La sonrisa me había abandonado y en su lugar portaba un gesto de consternación. Mi instinto de supervivencia me decía que abandonara la bicicleta y tomara un taxi, pero recordé que sólo me quedaban 3 euros porque ayer había invertido en una hamburguesa con doble queso que de seguro ya se había evaporado de mi organismo. Pensé aventar la puta bicicleta al río, pero primero tenía que encontrarlo, adiós inversión de 90 euros, muy poco me había durado el gusto.

Pensaba en las malas decisiones que he tomado a lo largo de mi vida, en las veces que me había decepcionado, en que por la mañana esperaba un mensaje de amor que no llegó, que mi reloj estaba descompuesto, que la guerra había sido declarada con uno de los compañeros del flat por un desacuerdo, que necesitaba un abrazo… cuando algo me cayó al ojo, me ardió muchísimo, en el reflejo de un carro vi que era un bicho horrible, negro y chiquito y no quería salirse de mi ojo. Pensé que esas son las desventajas de tener los ojos grandes. Los bichos en los ojos.

Sentí que nunca iba a poder volver a casa, era como si alguien hubiera reacomodado toda la ciudad para que yo me perdiera en ella. Tal vez debía hacerme a la idea. Me imaginé mi nueva vida, vagando por una ciudad que cambiaba todos los días todas sus calles de lugar, caminando con una bicicleta, una mochila llena de cosas inútiles y 3 euros. Dormiría debajo de los puentes y aseguraría el candado de la bicicleta con mi cuerpo, porque por aquí las roban mucho.

Me detuve un momento a contemplar los alrededores, ya había llegado a la zona industrial. La fábrica de Guinness. Todo iba mal. Pensé que a mis enemigos les alegraría sabermeperdida y derrotada, no les iba a dar ese gusto. Estaba tan enojada que quería llorar, pero hacía tanto frío que se me congelaron las lágrimas. Necesitaba un abrazo, me sentía triste y estúpida.

Por fin divisé el río Liffey a lo lejos y re direccioné mi marcha hacia él, mis movimientos fueron tan desesperados y toscos que me pegué con el pedal en la pantorrilla un par de veces, no me importó. No me iba a detener. Mientras me acercaba pensé en una frase que me dijeron hace tiempo “no olvides que perderte a veces es encontrarte” y supongo que tiene razón. Reflexioné sobre muchas cosas importantes y otras no tanto. Necesitaba perderme, necesitaba estar sola. La tristeza sabe bien cuando uno está lejos.

Perderse

*Les dejo este lindo mapa que edité en Paint para ilustrar mejor mi recorrido. La línea azul era el camino que debía de haber tomado y el rojo es el que seguí. El recorrido azul tenía una duración de 20 minutos, mi recorrido duró una hora y media.

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3 thoughts on “Perderse

  1. Mine

    Vale, ¡me encanta leerte!! Cuando leí que querías un abrazo quise cerrar los ojos y abrazarte. Disfruta todo todo todo.

    Reply
  2. Azael P.

    Yo también quería abrazarte cuando leí que necesitabas un abrazo.
    Pero lo que no deja de sorprenderme, es la capacidad que tienes de hacer de tu día una anécdota tan entretenida; te digo, soy tu fan 🙂 Un abrazo

    Reply

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