Nostalgia del presente

Mirar fijamente por una ventana, contemplar el panorama a través de la celosía, personas que vienen y van, el sol emprendiendo retirada, el ruido del tráfico, la ventana está abierta pero aun así falta aire, ningún suspiro alcanza a llenar los pulmones, para retener ese momento en la memoria.

Sentir el sudor en las manos, incertidumbre, opresión por un sentimiento de pérdida, de no querer dejar escapar ese momento, la fragilidad del instante, que se escapa, cada segundo… La aproximación de la despedida que se posterga hasta que se vuelve inevitable.

Escuchar canciones cargadas de tristeza, añorar que un momento quede en la memoria, así, tal cual, la maleta abierta, el sonido de la lluvia golpeando la ventana, nubes cobijando la ciudad, cerrar los ojos, suspirar, mirar al techo, ganas de fumar, de inhalar, de exhalar.

Degustar un trago amargo, recuerdos de aromas lejanos. Contemplar la habitación sumergida en la noche que acaba de llegar, en el sonido de las primeras lluvias de mayo cayendo, precipitándose ¿será también esto una decisión precipitada? No importa, ya ha sido tomada. Los documentos dispuestos sobre la mesa.

Tomar aire, inflar los pulmones. Secar el sudor de las manos en alguna prenda, el pantalón o la camisa, qué más da. “Nos despediremos cuando sea necesario hacerlo, no antes” no será hoy, por lo pronto.

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